TACONES OCULTOS

tacones
Este es un relato que escribí hace tiempo por un buen motivo… ayudar a alguien muy importante para mi. Espero que no os resulte aburrido, yo me lo pase bien escribiéndolo. Gracias de antemano por tomaros la molestia de leerlo.

 

“Era un día como cualquier otro, nada lo hacía diferente. Un ruido me asustó. Era en la propia puerta de mi casa. Me acerqué sin hacer ruido y vi una hoja de papel en el suelo. Alguien la puso debajo de la puerta. Su mensaje, decía:

“Huye por tu vida…no descansará hasta verte muerta. No pierdas tiempo, te lleva ventaja, conoce todo lo que necesita de ti. Nunca deja huella en sus víctimas. Jamás falla”.
Anónimo

Siempre tuve una vida tranquila. Nunca me metí en problemas. ¿Quién deseaba mi muerte? ¿Quién era ese tal “Anónimo” que me advertía del peligro que corría? Pero lo más importante… ¿Cuan real era esa amenaza?

Todo en mi cabeza daba vueltas. No sabía en qué pensar. Todo era tan poco claro…Las cosas iban a ser muy diferentes a partir de entonces. Sonó un golpe en la puerta, demasiado fuerte como para no sobresaltar mi asustado corazón.

Miré por la mirilla. No vi a nadie. Un silencio llenaba todo a mí alrededor. Valiente, abrí la puerta. Para mi sorpresa, en la puerta había otra hoja de papel sujetada por un zapato con tacón de aguja. “Otra nota”- pensé. Esta me asustó de verdad.

“Vigilo tus pasos. Da igual que huyas, te encontraré a donde vayas y acabaré contigo. No es nada personal. Tan solo eres trabajo”.
Tacón mortal

     Ahí sí que me asuste de verdad. No parecía tener escapatoria. ¿En quién podía confiar? ¿A quién acudiría en busca de ayuda? ¿Quién seria “Tacón mortal”? Y ya que como él o ella decía que yo era “su trabajo”… ¿Quién me odiaba tanto como para verme muerta?

      Llamé a mi mejor amiga. Seguro que ella me ayudaría. Siempre estuvo a mi lado cuando la necesité. Nadie contestó. Volví a llamar. Esta vez sonó como que descolgaba.
-¿Júlia?
    Solo oía una respiración al otro lado del teléfono.

-¿Júlia? ¿Estás ahí? No estoy para bromas, contéstame. Tengo un problema muy grave.

     Pero la voz que oí, no era de Julia. Era algo extraña.

-Tu amiga Júlia ya no puede ayudarte. Nadie puede ayudarte ya. No importa a quien acudas por ayuda. Sigo tus pasos y acabaré con todo aquel que se interponga en mi camino…Tu amiga Júlia descansa en paz.

     Colgué tras oír una risa que me puso los pelos de punta. Me entraron ganas de llorar de impotencia. Todo indicaba que la cosa no tendría un buen final. Daba igual que “Tacón mortal” conociera mis pasos, no pensaba rendirme. Hui a toda prisa. Pensé en como mi vida era tan mecánica. Era tan fácil conocer mis costumbres…siempre los mismos horarios, siempre las mismas calles para ir a los mismos lugares.

No le iba a poner las cosas fáciles. Es posible que acabara con mi vida pero no tan sencillamente como él o ella creía. Antes de desaparecer, me corte el pelo, disfrace mi rostro. “Ni yo me reconozco”- pensé.
Me escondí durante una semana. Salí a la calle, segura de mi disfraz. No dije a nadie nada sobre mí. Era como si hubiera desaparecido.

     Me paré en un quiosco de prensa. Unos titulares llamaron mi atención.
“Hoy se cumple una semana del brutal y extraño asesinato de Júlia Rodríguez, quien apareció muerta en su casa con un tacón de aguja clavado en su frente. No se conoce al asesino. Apareció una nota al lado del cadáver que decía: “Te cruzaste en mi camino. No es nada personal. Firmado: Tacón Mortal.”

     El periódico relataba otras noticias relacionadas con anteriores asesinatos sin resolver con una cosa en común. Todos tenían el mismo protagonista… sí, “Tacón mortal”. Ni una huella que pudiera identificar al asesino, ningún fallo, nada que ayudara a descubrirlo. Tan solo la misma tarjeta de visita… un tacón de aguja con veneno, clavado en la frente de sus víctimas.

        Mi miedo aumentó sin límites. Tanto que casi se me paró el corazón al sonar mi teléfono. Miré la pantalla, “llamada oculta”. ¿Quién sería? ¿Sería mi asesino para recordarme que no se había olvidado de mí? Me armé de valor y contesté.

-No me conoces. Solo quiero ayudarte. No hables. Pueden estar escuchándote. Yo soy… Anónimo. Yo te escribí la nota avisándote del peligro. Quiero verte. No tienes nada que temer. Yo puedo ayudarte a escapar de tu peor pesadilla… “Tacón mortal”. No repitas la dirección que te daré ni la hora. Tan solo memorízala. Tu vida depende de ello. -Después de eso, colgó.

      Tenía muchas dudas. ¿Sería una trampa? ¿Quién era el tal Anónimo? ¿Qué le movía a ayudarme? Nada tenía que perder. Tenía las horas contadas. Decidí arriesgarme y acudir a la cita.

      Era la hora indicada y el lugar. Mire a mí alrededor. Detrás de mi oí una voz.

“Soy Anónimo. Sígueme hasta el parque y donde veas dos bancos juntos, siéntate en el de delante, yo lo haré en el de detrás. Por tu bien, no debes ver mi cara. Tengo todas las respuestas que necesitas.”

    Solo vi su espalda. Le seguí casi sin mirar a mí alrededor. Me sentía algo más tranquila. Pronto iba a conocer las respuestas a mis preguntas.

      Me senté de la manera que él me dijo. Él hizo lo mismo. Yo no sabía cómo empezar.

-Sé que estas asustada. Puedo ayudarte. Conozco su manera de actuar y como evitar que acabe contigo
-¿Por qué me ayudas? ¿Por qué quiere matarme? Yo no he hecho daño a nadie. Estoy desesperada…

No acertaba a preguntar nada más. La lengua era como si se hubiera dormido o mi cerebro hubiera entrado en coma. El miedo me paralizaba. El parque estaba vacío, nadie más parecía cruzarlo. Anónimo continuó.

-Yo tenía una vida feliz. Mi mujer me quería con locura. No podía pedir nada más. Hasta que un día, al llegar del trabajo, encontré la casa demasiado silenciosa. No se oía música, ni siquiera sus risas. La encontré sentada en el sillón y al ponerme en frente, me quede sin palabras. Allí estaba su cuerpo frío. Estaba muerta y si…con un tacón de aguja clavado en su frente. Y al lado una nota que decía:
“No es nada personal. Tan solo un trabajo. Firmado: Tacón mortal”

       Desde entonces solo respiro para descubrir al asesino. Llevo años detrás de él. Conozco sus métodos. Supe que mi mujer se cruzó accidentalmente en su camino al ayudar a una de sus muchas víctimas.
Pero lo más importante es que lo conozco tan bien que sé porque te persigue. Sé incluso quien puede haberle contratado. Ha de ser alguien muy cercano a ti. Alguien de quien jamás sospecharías. Te ayudaré a descubrirlo. Todo irá bien. -Aquello me tranquilizó bastante. Por fin sabía algo de todo lo que estaba sucediendo a mí alrededor, de todo aquello que no tenía ningún sentido. Me atreví a preguntarle:
-¿Qué vas a hacer para ayudarme?

      No hubo respuesta. Volví a hacerle la pregunta. Hubo un silencio extraño. Sé que no debí hacerlo pero me di la vuelta. Vi de nuevo su espalda. Me levanté. Estaba inmóvil. Me puse delante de él.

Estaba muerto. Si…un tacón de aguja clavado en su frente y una nota que decía: “No debió ayudarte. No me he olvidado de ti. Siempre termino mis trabajos”. Firmado: Tacón mortal.

No había nadie más en el parque. Yo sola al lado del cadáver de quien quiso ayudarme. Huí, corrí con todas mis fuerzas, dejando atrás cualquier esperanza. Me sentía como una condenada a la espera de su final.

     Me sentía tan sola… Mi madre murió hace años ya. Con mi padre la relación se volvió tan difícil hasta que decidí irme del que fue mi hogar, aún me pregunto qué pasó para que desapareciera aquel padre tan cariñoso y mi consuelo durante la perdida de mi madre, y apareciera un ser desconocido que tan solo me transmitía odio y desprecio.

     En medio de mis pensamientos, sonó el teléfono. Era mi Padre. ¿Cuánto tiempo hacia que no hablábamos? Ya ni me acuerdo.

-Necesito verte. Necesito hablar contigo. No te mereces que haya sido tan duro contigo. Tú no tienes la culpa. Tú no tienes la culpa de nada. Necesito contarte… Ven a casa, por favor.

Aquella llamada y el sentimiento que me transmitió me dejó descolocada. Volvía a ser la voz de aquel padre cariñoso al que tanto quería. Supongo que decidí enterrar el pasado y me dirigí a la que había sido mi casa. Llegué y él me abrió la puerta.

     Tan solo me abrazó llorando, diciéndome cuanto sentía haberme tratado mal. Que debía contarme algo. Que sentía remordimientos y que ya no podía aguantar más.

    Me quedé de piedra. No encajaba tantas disculpas juntas. Me hizo sentarme y me hizo un café. Aquel café que tanto añoraba me volvió a épocas en las que éramos una familia feliz.

-Yo también he de contarte algo. Estoy desesperada y no sé por dónde empezar”…

      No me dejó seguir. Con lagrimas en los ojos, continuo él.

-Yo siempre te he querido. Has sido la luz de esta casa. Tu madre y yo te queríamos tanto…
  Poco después de su muerte, al recoger sus cosas, encontré una carta que me llenó de odio y rencor. En ella, no hace falta entrar en detalles, supe que me había sido infiel con mi mejor amigo. De esa relación, naciste tú. Creí morir.

       Todo mi mundo se vino encima. Odie todo mi pasado junto a ella. Todo lo que tenía que ver con ella lo arranqué de mi corazón, incluso lo que más quería…tú.

       Empecé a odiarte tanto. Ahora sé que tú no tenías la culpa. Tanto que quise vengarme de ella en ti. Quise hacerte sufrir todo lo que me hubiera gustado hacerle a ella. Quise tu muerte.

    Accidentalmente cayó en mis manos un teléfono donde daban solución a este tipo de problemas. Solo debía pagar una cantidad de dinero y ni siquiera tendría que manchar mis manos. Me garantizó que no habría fallos.

       Pero con el paso de los días, entré en razón y me di cuenta de mi locura. Intenté romper el acuerdo. Intenté que siguieras con tu vida pero todo fue imposible.

      Un día encontré un sobre con una nota en su interior. Que decía: “Nunca rompo un acuerdo ni devuelvo el dinero. Se hará tal como acordamos y en la fecha indicada. No me interesan sus remordimientos. Haberlo pensado antes.” Firmado: Tacón mortal.-

      Anónimo tenía razón. Era alguien de mi entorno más cercano quien contrató al asesino. Mi propio padre. Pero no podía odiarle al verle tan arrepentido. Ahora, al menos sabia el porqué de muchas cosas. Su odio repentino, el por qué de un asesino buscando arrancarme la vida… Empezaba a ver un poco de luz y ahora al menos había recuperado a mí querido Padre.

-¿Quieres mas café?

    Levantándose, se fue hacia la cocina. Mientras, en mis pensamientos, empezaba a recordar nuestra vida feliz como familia, sonriendo al recordar anécdotas de un tiempo en que me sentía muy feliz…

    La casa no era muy grande, por eso me sorprendió su tardanza. De nuevo oí un silencio extraño como el que percibí en el parque justo antes del asesinato de Anónimo, aquella buena persona que quiso ayudarme. Me invadió un temor inconsolable y con precaución me levante y me dirigí hacia la cocina.

     Mi miedo era normal. Allí estaba en el suelo el cuerpo sin vida de mi padre. No hace falta decir que llevaba el sello de “Tacón mortal” en su frente…si, un tacón de aguja clavado y una nota que decía:
“Pobre iluso, pensó que podía interponerse en el camino que me lleva a tu final. Cometió el error de intentar ayudarte. Ya te queda muy poco tiempo. Ten por seguro que hoy terminaré con tu vida”.
Firmado: Tacón mortal.

    Salí corriendo, casi sin aliento y sin mirar atrás, con la sensación de que poca vida me quedaba ya. Fui casi sin darme cuenta hacia mi casa. Una vez allí, cerré con fuerza la puerta, las ventanas, las persianas, la luz…necesitaba esconderme y como única compañía una pequeña vela, que me iba a iluminar en los últimos instantes de mi vida. Cerré los ojos esperando mi triste final.

     Pasaron minutos, después algunas horas. Mi corazón continuaba acelerado y al fin abrí los ojos. En medio de la poca luz que daba la pequeña vela, noté una sombra sentada frente a mí. Sus ojos eran de mirada fría. Sentado en una silla y sujetando con sus manos un objeto, que la poca luz me dejo identificar…un tacón de aguja.

     No tuve que pensar demasiado quien era y a que venía. Ni me paré a pensar como había entrado allí, en mi casa, con todo cerrado. Mi final estaba cerca.

     El miedo me paralizó y me convertí en un juguete en sus manos. Me alzó y me sentó en una silla.

          -No es necesario que te diga quién soy y a que he venido. Te lo dije. Siempre cumplo mis contratos y elimino los obstáculos que surgen en mi camino. No es nada personal. Eres tan solo trabajo.

Alzando su mano con la que sujetaba su arma preferida, se dispuso a terminar con mi vida. Vi como se acercaba a gran velocidad y fuerza el tacón de aguja que se iba a clavar en mi frente. Entonces…

    Desperté de pronto. Con un sudor frío miré a mi alrededor. Era una mañana como cualquier otra. Todo había sido un sueño y respire aliviada.

      “Cuanta imaginación en mis sueños…” pensé.

    Decidí quedarme algo más en la cama. En pleno invierno y bajo las mantas, era donde más me apetecía estar. De pronto oí un ruido en la puerta que me sobresaltó. Me levante curiosa y mire por la mirilla. No vi nada, pero en el suelo…una nota. Cuando iba a empezar a leerla, se oyó un golpe brusco y fuerte en la puerta.

    Empecé a sentir miedo. Empecé a recordar mi sueño y sentí que se me helaba la sangre. Me armé de valor, me vestí y abrí la puerta. Creí morir… un zapato de tacón de aguja clavado en mi puerta, sujetando una nota, que decía:
     “Vigilo tus pasos…”

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de Jose R.