LA LUCHA MAS AMARGA

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     Pocas cosas te dejan la sensación de vacío como cuando crees que algo, que considerabas único y solido, se desvanece entre tus dedos sin poder hacer nada por evitarlo. De nada sirve reprocharte lo que pudiste o debiste hacer. ¿Se terminó tu tiempo?

       Volver a ilusionarte se convierte en algo poco más que quimérico, sencillamente porque perdiste las ganas de luchar…luchar por lo que ya no está. O al menos eso es lo que crees por momentos.

      Estas convencido de que todo lo que te hacia sonreír…se esfumó. Solo te queda recuerdos de risas de felicidad, que con solo recordar, te hieren en lo más profundo de tu alma. Miradas de complicidad que te hacían ser parte de… Ya todo da igual, la soledad tan temida, volvió a visitarte. Y te sientes como si todo fuera a terminar.

     Sentirse solo, es probablemente, algo para lo que no estamos preparados pero insistir en estar acompañados, estando dispuestos a pagar cualquier precio, es garantía de futuro fracaso.

     Cuando renaces de tus cenizas, después de una dura batalla, quieres creer que todo será diferente, que lo que la vida te negó, hoy te lo regala. Pero la verdad es que parece que uno está condenado a caer y levantarse, que los sueños nunca se hacen realidad. Somos nosotros los que insistimos en hacer realidad nuestros sueños, mientras la realidad nunca depende de cómo nosotros sentimos o vemos las cosas…está la manera de ver o sentir de los demás, la cual queremos pensar que es idéntica a la nuestra, lo que raras veces sucede, por no decir ninguna.

     Todos tenemos derecho a tener un día gris, aunque al final uno sigue creyendo que acabará saliendo el sol. El problema está cuando la persona a la que mas quieres, y no por voluntad propia, está atrapada en un perpetuo día gris, en el que tu, poco puedes hacer, ni tan solo estar cerca. Tan solo esperar… esperar…esperar. Y lo más complicado es aceptar que el sol no saldrá por más que tú lo desees. El tiempo dirá.

     Mientras, seguir soñando en compartir un bello amanecer, es el único aliciente que queda. Seguir luchando sin jamás rendirse, sacar fuerzas de flaqueza y luchar…luchar…luchar. Porque sin lucha de nada sirve la vida, sin lucha se convierten en inútiles las lágrimas derramadas, sin lucha, fe y esperanza…no somos nada.

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de Jose R.

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