LA RAZÓN NO SIENTE

     

 

 Pocas cosas son tan complicadas como convivir con tu pasado. Batallas gran parte de tu vida fingiendo que no existió, escondiendo todo aquello que quedó marcado en algún rincón de tu corazón, como con hierro de marcar. Aun así, sigues fingiendo que nunca ocurrió y por otro lado justificas con simple lógica aquello que tanto daño te hizo o que tanto daño causó a los que más quieres, y de lo que tú eres en parte, responsable.

      Empiezas a razonar esos sentimientos… pero te olvidas que los sentimientos nunca se razonan, sencillamente porque no son razones, solo son sentimientos. Escondes tu dolor, como el avaro su tesoro, aquel dolor que te corroe por dentro y con el que pasas demasiado tiempo, ignorando que finalmente deberás intentar ponerle nombre, si quieres aprender a convivir con él. No es fácil hablar de sentimientos y más cuando sabes que es muy posible que quien te escuche intentará razonar aquello que sientes.

       Demasiada razón gobierna nuestro entorno. Y aunque es cierto que no podemos dejarnos llevar siempre por lo que sentimos, tampoco debemos intentar razonar todo aquello que nuestro corazón no entiende. Los sentimientos se sienten, te arrancan el alma o te hacen flotar de felicidad, te hacen reír o llorar. A veces uno no entiende el porqué se siente como lo hace. Pero es algo con lo que debemos aprender a vivir. Pero esconderlos y fingir que no existen, sobre todo aquellos que recuerdas con mucho dolor, solo contribuye a que vivas algo que no eres.

       Todos tenemos sentimientos que nos gustaría olvidar, pero sencillamente es imposible. Como mucho podemos aspirar a que con el tiempo, en vez de arrancar una lágrima al recordar, despertará en nosotros una sonrisa o quizás otros, un reflejo de indiferencia.

       El razonar siempre, solo nos convierte en algo que no somos…robots. Y Para lo bueno y lo no tan bueno, somos humanos. Somos una compleja red de extraños sentimientos. Aunque en la vida seguiremos experimentando sentimientos que no entenderemos, no es necesario intentar ponerle nombre a todos, sencillamente porque con algunos no podremos. Solamente podremos aspirar a convivir con ellos.

        Y nunca olvidemos que nuestro sino es vivir con gran cantidad de recuerdos, buenos y no tan buenos. Pero vivir de ellos nos ancla al pasado y nos impide seguir creciendo como persona. Quizás este sea el mayor problema de nuestro mundo, demasiada gente pero pocas “personas”, sin demasiado interés por crecer emocionalmente, y cuya mayor “comodidad” es que unos pocos decidan qué opina la mayoría.

         Pero nuevamente la historia se repite…las mayorías aunque se lo crean, no siempre tienen la razón.

 

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de Jose R.