CADA QUIEN ES CADA CUAL

 

 

Es posible que todos nos creamos un poco autosuficientes, pero lo reconozcamos o no necesitamos del reconocimiento de quienes nos rodean. Claro está, que como en toda otra faceta de nuestra vida, es necesario un equilibrio.

Nuestra libre decisión jamás debe verse tan encorsetada que apenas podamos hacer un movimiento sin el consentimiento previo de quienes están en nuestro entorno. Tampoco irnos al extremo, poco lógico, de que podemos hacer y deshacer a nuestro antojo, sin tomar en cuenta ninguna opinión o sentimiento ajeno. No somos islas, y por tanto, necesitamos de los demás.

Pero ese reconocimiento a veces no llega o llega tarde y mal. Tan solo se nos critica, demasiado a menudo de manera excesivamente acida, lo que no hacemos. Da igual cuanto hagamos bien o el esfuerzo sincero, demasiadas veces no sirve para mucho si, a juicio de otros, hemos errado en algún aspecto o no damos la talla que se espera. 

En esos casos es natural y humano sentirnos heridos, pero nunca deberíamos dejar que sean los demás quienes siempre ejerzan el mando del baremo que mide nuestro actuar diario. Desde luego no podemos caer en la quimérica idea de que todo lo hacemos bien o que nunca nos equivocamos. Tampoco irnos al extremo de pensar que todo lo hacemos mal y que siempre nos equivocamos.

A veces el trasfondo de las criticas acidas está, sencillamente basado en el mal momento que pueda estar pasando quien nos “condena”. El que se nos critique de manera más o menos constructiva no siempre es negativo.

El saber aprender de nuestros errores o nuestros aciertos, incluye saber ver más allá de la crítica o el consejo aunque sintamos que no va con nosotros. Solo así crecemos en madurez y como personas, cosa que por cierto, en este mundo endiosado por las tecnologías, escasea.

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de Jose R.