LA REALIDAD DE NUESTROS SUEÑOS

 

 

 

“Cuan efímeros son a veces los sueños que creíamos eternos…”

Una de las capacidades más asombrosas y muchas veces hermosa, que posee nuestro cerebro, es poder soñar. Nuestros sueños a menudo son alimento para nuestra alma, tanto que al despertar de ellos, lo hacemos con una amplia sonrisa.

Esos sueños nos llevan a creer que podemos alcanzar lo inalcanzable, a atravesar cualquier barrera, sea física o de otro tipo. Sentimos el poder en nuestras manos de conseguir cualquier cosa.

Solo que si nuestra vida la gobiernan los sueños, demasiadas veces nos topamos con la cruda realidad. Y demasiado a menudo, cuando entramos en el campo emocional, salimos de ellos con heridas demasiado profundas, heridas que quizás sintamos que nunca cicatrizaran.

Idealizamos situaciones o, en la mayoría de las ocasiones, a personas. Sentimos en nuestro interior crecer un sentimiento, que casi nunca se corresponde con la realidad. Cada persona es un mundo y dueña de sus sentimientos. Nunca podemos pretender que verá o sentirá siempre las cosas tal como nosotros lo hacemos.

Nos quedamos parados en medio de ese sueño, del que no vemos final. Pero mientras, el mundo sigue su curso. Y es muy posible que aquella persona que idealizamos o con la que creímos compartir algo eterno, haya decidido, algo de lo que tiene perfecto derecho… cambiar de rumbo.

La realidad es muy dura a veces con los soñadores. No es que soñar esté mal o que no nos haga bien. Al contrario, es “un algo” necesario para ir campeando esta porquería de vida con tan pocas cosas que nos aporten alegría de verdad.

El problema es, que un soñador, tan solo vive de sus sueños y ajeno a la realidad. Pero aunque se detenga en medio de su sueño del que no quisiera despertar, el mundo sigue a su ritmo. En los casos más extremos, cada vez se aislara más de la realidad.

Los sueños son el alimento del alma pero en exceso pueden ser un veneno para nuestro frágil corazón.

Es cierto que la realidad es muy dura a veces. Pero los pequeños detalles del día a día que nos aporten felicidad, son los que ayudaran a sobrellevar nuestro triste vivir.

A veces, como decía la canción, perseguimos una gran felicidad, pero en el camino no entendemos que la felicidad es la suma de muchos pequeños momentos.

Y como decía aquel sabio escritor… “Soñar no cuesta nada, pero nunca olvides que los sueños, sueños son”.

de Jose R.