¿SOLO CUENTA TU VERDAD?

 

 

Cuan cierto es el refrán “No hay mayor ciego que aquel que no quiere ver o mayor visionario que aquel que ve donde no hay”. Todos tenemos perfecto derecho a tener una opinión propia y usar los argumentos necesarios a nuestro entender, para apoyar nuestras ideas. Pero a veces olvidamos que eso no supone llegar a la conclusión que no hay vida más allá de como vemos las cosas.

 Imponer nuestro derecho u opinión, para hacer prevalecer todo por encima de opiniones ajenas, dice muy poco en nuestro favor. Y más si para ello, nuestro objetivo, sea o no declarado, supone humillar y hundir a todo aquel que, estando en su perfecto derecho, opina diferente a lo que creemos cierto. Todos sabemos, aunque a veces lo olvidamos, que errar es humano. Y convertimos sucesos sin excesiva importancia, en graves situaciones que provocan nuestra ira en busca de un castigo ejemplar.

Nuestra opinión suele ser muy objetiva hasta que nos toca de cerca. Entonces, de manera poco realista, nos ensañamos con aquello que despertó la fiera que habita en nuestro interior, la que solo sacamos cuando nos percibimos atacados.

Todos, absolutamente todos, nos equivocamos en juicios hacia otros o en decisiones y criterios sobre las cosas. Ignorar este hecho es no ver la realidad que nos rodea. Es montarnos un mundo en el que solo nosotros decidimos lo que está bien o está mal. Pero ese derecho no pertenece a ningún humano, aunque a veces lo olvidamos. Lo cierto es que en plena ebullición de un problema, la decisión más sabia es no hablar de ello. Cuando estemos más tranquilos o la situación se haya enfriado, será el momento de tratarlo. Si no lo hacemos asi, abriremos heridas difíciles de curar, diciendo cosas cuyo origen no es proclamar la verdad, tan solo el despecho.

Cuantas veces nos lamentamos por lo que dijimos o hicimos en momentos de euforia inútiles, y que provocaron lágrimas y dolor innecesarios, tan solo por mantener por encima de todo, algo perfectamente cuestionable por otros…nuestra opinión.

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de Jose R.