¿ACEPTAS QUIEN ERES?

Aceptar quien es uno mismo, es todo un reto. Supone aceptar que uno no solo tiene virtudes…también defectos. Pero demasiadas veces son los demás quienes descubren quienes somos antes que nosotros mismos.

No somos islas ni estamos protegidos eternamente en nuestro “castillo”, aquella parte mas profunda e interna de nosotros mismos que escondemos de quienes nos rodean. No lo hacemos necesariamente por que nos sintamos avergonzados de ello. La realidad es… que nos da miedo que conozcan lo que nosotros mismos sabemos de sobra, pero que nos cuesta aceptar. Y escondemos celosamente “nuestro secreto” a veces de quienes mas nos quieren y  que estarían prestos a “echarnos” una mano.

La cuestión es que nos sorprendemos cuando alguien muy cercano a nosotros, “pone las cartas sobre la mesa” y nos dice de forma clara aquello que era nuestro pensamiento mas recóndito. Evidentemente esa persona no seria cualquier conocido ni con “poderes” de leer la mente. Tiene que ser alguien que nos conozca muy bien, tan bien que a veces nos asusta, pero que siempre busca nuestro bienestar. Es alguien a quien escuchar, que siempre reconforta aunque a veces nos duela la verdad. No todo el mundo tiene la fortuna de tener cerca alguien así. Lo cierto es que no tiene precio.

El sistema que nos ha tocado padecer promueve la independencia y el “yo”.  El “yo” promueve que no necesitamos a nadie, que somos auto suficientes y que tenemos derecho a concluir que no hay vida mas allá de como nosotros vemos las cosas. También que los sentimientos de los demás poco importan y que podemos servirnos de ellos, o como se dice vulgarmente “utilizarlos” a nuestro antojo y capricho. Somos, mas que antes en la historia, privilegiados en cuanto a conocimiento, pero no nos hemos convertido en mejores personas.

Ante catástrofes, sacamos la vena emocional, pero el paso de las horas vuelve a cerrar ese brote para continuar con la triste normalidad del que no siente, no piensa , no vive… tan solo sobrevive a una vida prefabricada donde vivir solo es disfrutar del placer que lo económico puede proveernos. Esa es la meta de la mayoría, y puesto que pocos pueden obtenerlo sin dejar “victimas” por el camino, sobreviven amargados por su “mala suerte”.

Vivir supone aceptar lo que somos, sin renunciar a aceptar que podemos mejorar pero sin estar dispuestos a pagar cualquier precio por conseguirlo.

Lo mas cómodo es dejar que los demás decidan como ha de ser nuestra vida. Pero eso nos convierte en números. Los demás deciden lo que sentimos, lo que pensamos, lo que odiamos o amamos. Y adoptamos modas o costumbres pasajeras que nos dejan igual que estamos. Nos “venden” que de ese modo nos sentiremos más realizados. Eso si, seremos genuinas, autenticas y hermosas…marionetas.

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de Jose R.

“LOS SUEÑOS…SUEÑOS SON”

¿Realidad o ficción? Tenemos, a menudo, una percepción de las cosas demasiado distorsionada con respecto a la realidad. Tendemos a idealizar una situación, al grado que no vemos lo mas evidente y como dice el dicho, que se cumple de sobras en nosotros, “No hay mayor ciego que aquel que no quiere ver”. Pero como casi todo, llega el momento en que nos topamos con la cruda verdad y las cosas adquieren su tono claro de realidad.

No quiere decir que voluntariamente escojamos verlo así siempre, solo que la ilusión por que las cosas sean como soñamos nos hace ver de modo subjetivo la situación. Pero cuando las cosas no dependen exclusivamente de nosotros, la realidad exige que tomemos en cuenta que sienten o piensan los implicados, con los cuales hemos decidido compartir el día a día. Aun cuando ponen su mejor empeño por contribuir a que se haga realidad alguna de tus ilusiones e intenten compartirlas, no puedes exigirles que lo vean todo como tu. Y llegado el momento, no puedes exigir incondicionalmente su apoyo por que si. El bien común priva por encima de todo.

Ese bien común incluye renunciar a un sueño o a una ilusión que sentiste como tuya, pero el costo a pagar se convierte en inalcanzable. No sirve de nada insistir en salirte con la tuya si vas dejando “victimas” por el camino. No quiere decir que uno no “calculó” los gastos, sencillamente no tenemos en nuestro poder la decisión de los demás implicados. A veces ni siquiera tenemos el control total sobre nosotros mismos.

Quien insiste en cumplir sus sueños sin tomar en cuenta a quienes le rodean, quizá consiga su sueño, pero lo disfrutará solo él…en su soledad. Querer a los que te rodean implica velar por su bien, y eso a menudo implica a renunciar a tu propia elección. ¿Es eso malo? Como en todo, es necesario un equilibrio.

Renunciar no implica dejarse pisotear o humillar. Ni siquiera dejar a un lado quien eres. Solo supone renunciar a cosas que no son “mortales” de necesidad. Cada uno tiene su escala de valores y prioridades por propia elección (al menos así debería ser), por eso decidirá a que puede o no puede renunciar.
Casi siempre, tomar en cuenta a quienes te rodean en tu mas circulo intimo, supone recoger el respeto y amor de ellos, y eso no se paga con nada. O sea que a veces el precio a renunciar suele ser mas dulce que amargo.

Pero si solo piensas en ti y en hacer realidad todos y cada uno de tus deseos o sueños, no te esfuerces por buscar quien te acompañe, simplemente por que en tu mente no amas a nadie mas que a ti mismo.

de Jose R.