¿COMO USAS TU PODER?

Se dice que el pensamiento es más rápido que la palabra. Ello supondría que lo común seria hablar después de haber meditado. Pero es, en el caso de la mayoría, lo mas común hablar sin pensar, y después decir que no quisimos decir lo que dijimos o que se nos ha malinterpretado.

Un antiguo dicho dice   “Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y lo cierto es que todos, unos mas que otros pero al fin y al cabo todos, hemos caído en ello, y después de haber  hablado sin pensar, nos arrepentimos de lo dicho. Y puede que con consecuencias desastrosas o inesperadas.

Pero probablemente lo que mas daño hace es hablar de otros sin saber o conocer todos los detalles, dando rienda suelta a nuestra lengua, presumiendo de conocer lo que ignoramos, manchando la reputación o el buen nombre de quien no esta para defenderse.  De seguro que quien hace eso, busca “su minuto de gloria”, buscando  atraer la atención de otros, porque habitualmente se siente ignorado.
Una antigua adivinanza dice: “¿Qué pueden robarte, que al que te lo roba no le enriquece y a ti te empobrece?”… Es tu “nombre” o más conocido como reputación.

Sujetos de tal calaña ignoran el efecto que causan, probablemente son el ego personificado  en su grado sumo, en el que solo ellos siempre tienen la razón y donde no hay vida más allá de como ellos ven las cosas. Y a menudo les falta valentía para decir las cosas a la cara. Prefieren  emitirse en jueces, jurado y ejecutor, sin dar posibilidad a la defensa del inocente.

Ciertamente son dignos de lastima  quienes solo usan su boca para, de modo intencionado, hacer daño con ella. Equivocarse es humano, pero para quien es un hábito hablar mal de otros… su futuro no le aguarda nada bueno.

Jamás confíes en quien te habla mal de otros… tarde o temprano tú puedes ser su victima.  Nunca  prestes atención a palabras que dañan a quien no puede defenderse por que hacerlo te convierte en cómplice de ello.

Piensa antes de hablar, y si no vas a aportar nada que edifique…cállate. Recuerda: “quien mucho habla, mucho yerra”.

La palabra tiene un poder infinito. De cada uno depende su uso y el resultado final.

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de Jose R.