MI NIÑEZ

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Muchos añoramos nuestra niñez. Quizá nos despierta el niño que aun llevamos dentro. Cuando vemos la carita de un niño con su sonrisa y sus ojos llenos de sorpresa, nos evoca lo mejor de nuestro pasado. De niños difícilmente nos asaltan dudas sobre si llegaremos a fin de mes, si tendremos que lidiar con alguna inquietud que nos supera mas de lo que quisiéramos…y nuestros ojos cargados de desengaño.

La mayoría de nosotros recordamos nuestra infancia con una sonrisa amplia. A veces nos sonrojamos por alguna travesura que alguien, ahora que somos adultos, nos recuerda (de mi cuentan unas cuantas).

Pasamos la mayor parte de nuestra primera infancia descubriendo,explorando, abriendo nuestros ojitos al mundo mientras percibimos la mirada atenta de nuestros padres, a donde acudiremos al menor síntoma de que algo nos asuste. Vamos creciendo… y nos sentimos que ya somos mayores, que ya nosotros solos nos valemos para afrontar nuestros primeros retos.

Incluso con el pasar del tiempo, soñamos qué seremos de mayor o que será de nosotros de aquí a unos años (con 15 yo soñaba con el año 2000, sobre cuantos años tendría o lo que haría, que seria mi vida). Un deseo innato de hacerse adulto recorre nuestro ser. Nos invade la prisa por ser mayor, por tomar nuestras propias decisiones y entramos en la etapa mas difícil para todos…la adolescencia.

Entonces no somos ni niños ni adultos, queremos que nos traten como mayores y a ratos como infantes. Ignoramos consejos que nos ahorrarían muchos quebraderos de cabeza. Nosotros “ya sabemos”…si, sobre todo ser imprudentes.

Y llegando a la edad adulta nos damos de narices con la realidad y despreciamos el haber corrido tanto para entonces lamentarnos de no poder volver atrás. Entonces ya no hay mirada protectora a donde acudir. Quizás esté para escuchar nuestras penas, pero la realidad es que nuestras decisiones son nuestras. Los demás pueden asistir como espectadores, alegrarse de nuestros aciertos y sentir pena por nuestros sufrimientos. Pero somos nosotros los que acarreamos con las consecuencias.

Cada edad tiene su cosa y cada uno su velocidad de crecimiento. De adultos solo nos queda añorar nuestra niñez, donde las cosas eran tan sencillas…La Edad adulta tan solo trae el complicar hasta las cosas mas sencillas. Nos volvemos, en el mejor de los casos, personas responsables y honradas (aunque eso cada vez más brilla por su ausencia hoy, ya que no se considera practico). Dejemos a nuestros niños ser niños y pasemos tiempo con ellos. Eso es lo que recordaran cuando sean mayores, que estuvimos a su lado cuando les hizo falta. Eso es lo que recordamos nosotros ahora,   al crecer, de nuestros padres.

Hoy la gente solo considera importante tener cosas, pero rápidamente pierden su encanto, novedad y utilidad. Sin embargo las cosas mas importantes de esta vida no son cosas.
Y las pequeñas cosas que dan sentido a la vida son las que nos llenan de verdad, las que nos hacen sentir bien.

¿Cuando fue la ultima vez que miraste al cielo estrellado y te perdiste en su inmensidad? ¿ Cuando miraste al inmenso mar o contemplaste un maravilloso amanecer o anochecer? ¿Cuanto hace que te quedaste embelesado por la sonrisa de un niño y su mirada penetrante? Quizás alguien piense que son nimiedades pero no olvidemos que son algunas de las cosas que nos hacen sentir vivos, y nos permite apartar, por un momento, el sentimiento de que somos tan solo números o maquinas, en este estúpido sistema de cosas, para volver a hacernos sentir personas de nuevo.

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de Jose R.